El físico atrae, pero la personalidad enamora. Todos hemos escuchado alguna vez esta frase. Personalmente pienso que te enamoras de la persona con la que compartes cosas, momentos y sentimientos. Nunca he probado a chatear en una red de esas de buscar parejas, y menos con una persona a la que no conozco de nada. Pero si he oído casos en los que ambos quedan embaucados por la personalidad del otro, y piensan que es el amor de su vida. El problema surge cuando quieren conocerse en persona. La mayoría se lleva un gran chasco, pero hay un pequeño porcentaje en el que la relación llega a cuajar. Así que, depende de la persona. Si uno quiere compartir cama con alguien que le importa más su pelo, o sus músculos, más que su compañero sentimental, allá ella. Nadie le ha obligado a estar con un cacho de carne andante.
Nos encontramos en una sociedad que rinde culto al cuerpo. Que en el currículum lo más importante, no son los idiomas o la preparación, sino la foto. Nunca veremos a una periodista deportiva un poquito rellenita y poco agraciada, pero con un historial impecable, retransmitiendo la final del mundial de fútbol. En su lugar, habrá una chica guapa, alta, con un cuerpazo, pero que no sabe hacer entrevistas, o que no tiene la carrera terminada.
domingo, 17 de febrero de 2013
jueves, 7 de febrero de 2013
Cambios sociales
Nos encontramos en una sociedad que ha perdido los valores por los que luchaban, que ha sido
derrotada en la batalla contra el egoísmo y la avaricia. Este tipo de sociedad
que yo desconocía, se rige por el poder, por el ansia y la sed de dominación
sobre los demás. El dinero, es el principal culpable, ya que ejerce un tipo de
atracción inevitable sobre los hombres que les lleva hasta su propia perdición,
arrastrando a los inocentes consigo.
Los ideales por los que se brindaba antaño, han
desaparecido, y con ello, las esperanzas de una humanidad que apostaba por el
desarrollo y un futuro mejor para todos, en vez de para unos pocos como sucede
hoy en día. El ejemplo que nos ofrece la colectividad a los más jóvenes, es una
ética nublada por valores orientados al individualismo. No importa a quién
tengamos que pisar por el camino para llegar a nuestra meta, debido a que nos promueve una ambición tan
grande y fuerte que crea una gruesa venda en los ojos que ciega la moral. La
vida se ha convertido de la noche a la mañana en una escuela de negocios. Cada
uno busca su propio beneficio sin pensar antes las consecuencias que pueden
acarrear dicho actos.
Niños que, durante su educación, soñaban con ser algún día
astronautas, bomberos o médicos; ahora, quieren ser funcionarios. Firmemente
creo que hemos vendido nuestros sueños a cambio de lo que creíamos correcto. Y
vaya chasco nos hemos llevado. Depositamos nuestra confianza en una persona que
hablaba muy bien, que tenía talante, que nos engatusaba con sus palabras y
promesas. Sí damas y caballeros, hemos puesto nuestro sueño en venta por un
voto. Invertimos nuestros anhelos en
algo que no nos ha correspondido. Ahora, esa persona que colocamos en el poder,
se ríe de nosotros, rompe sus promesas y nos somete a su voluntad tal sumiso.
Debemos unirnos, luchar por lo justo, por nuestros derechos,
por la integridad, por la educación, por un trabajo y una vivienda digna... ¿Es
que no os dais cuenta? Somos el pueblo, vivimos en una democracia que debe
hacer frente al poder. Juntos podemos hacer cualquier cosa si nos lo
proponemos.
Al crear un tipo de entidad que controlase las acciones del
gobierno, sabríamos que es lo que falla. Y a partir de ahí, empezar a trabajar
solucionando y tratando los problemas
uno a uno. Finalmente, cuando hayamos solventado todas las cuestiones,
entonces, solo entonces, habremos recuperado una sociedad segura y
transparente.
Tras esta reflexión, me gustaría terminar con una frase que
llenó a todo un país de esperanzas y sueños un 28 de agosto de 1963 en el Capitolio de
Estados Unidos. Martin Luther King, un hombre que luchó por lo que creía justo
por derecho, y por los afroamericanos.
Ante esto, solo me queda decir, I have a dream.
viernes, 18 de enero de 2013
Tercera noche II
Caí al suelo, me sentía desolada, sola. Estaba
tumbada boca arriba, observando las estrellas por última vez. Por un momento
perdí la esperanza, quería perecer allí mismo. Mi aventura había llegado a su
fin. Una pequeña estrella fugaz atravesó el firmamento, seguí su
trayectoria con la mirada, y... Pude divisar un fuego a lo lejos, y
pensé que por fin, la suerte estaba de mi lado. Aunque recordé que no me debía
dejar llevar, ya que podría ser otro espejismo. El fuego pareció ser un de un
campamento con jaimas, esta vez parecía real. Una vez allí, encontré el
campamento solo, no había nadie cuidando del fuego. Me senté para poder entrar
en calor. Por un momento alcé la cabeza para dar gracias al cielo, y noté que
todas las estrellas habían desparecido. Una fría brisa empezaba a soplar, cada
vez con más fuerza. El fuego terminó por apagarse, por un momento pensé que iba
a salir volando. De repente, todo quedó en calma, el aire paró de soplar. El
fuego, resurgió. Noté que tenía que salir de allí. Detrás de las llamas pude
distinguir unos grandes ojos rojos, me observaban. A mí alrededor
surgieron cientos y cientos de ojos que me miraban, me acosaban. Sentía como
poco a poco iban devorando mi ser, me retorcía de dolor. Todos los buenos
recuerdos que me quedaban, comenzaron a desparecer... Empezaron a brotar en mí
los peores sentimientos, odio, egoísmo, rencor, antipatía, envidia. El dolor
desapareció, y pude erguirme. Me había convertido en una espesa bruma negra de
maldad. El viento volvió a hacer presencia, y poco a poco me fui desvaneciendo.
domingo, 13 de enero de 2013
Tercera noche I
Está noche he soñado que no tenía a nadie , que andaba solitaria cual perro abandonado en verano. Me sentía totalmente en soledad, no por la falta de amigos, sino por el simple hecho de no verle sentido a nada, ni a la vida misma.
Caminaba por el desierto en plena noche, intentando buscar un refugio dónde cobijarme del frío. Tenía la esperanza de poder volver a casa, de ver a mi familia, de abrazarlos. Pero la realidad era dura. A lo lejos ví lo que parecía ser un coche de rescate, un atisbo de felicidad y alivio recorrió mi ser. Comenzaron a salir cuatro figuras oscuras del vehículo, no las distinguía muy bien de lejos. Una de ellas estaba gritando mi nombre, pero su voz no me era familiar. De repente, apareció un quinto pasajero del vehículo, era mi madre. Empecé a correr, correr y correr. Pero ella estaba cada vez más lejos. Nos separaban cientos de metros, una distancia imposible de atajar. Una fina brisa de arena apareció como de la nada, y se llevó lo que había sido un producto de mi imaginación, un espejismo. Caí al suelo, me sentía desolada, sola. Estaba tumbada boca arriba, observando las estrellas por última vez. Por un momento perdí la esperanza, quería perecer allí mismo. Mi aventura había llegado a su fin. Una pequeña estrella fugaz atravesó el firmamento, seguí su trayectoria con la mirada, y...
sábado, 12 de enero de 2013
Segunda noche II
Llevaban cubos, botellas, y pistolas llenas de agua. ¡SÁLVESE QUIÉN PUEDA! Empezamos todas a correr como si la vida nos llevara en ello, pillaron a varias, las demás seguimos corriendo. Encontré un sitio donde esconderme, la verdad es que al final me escabullí bien, porque fui la única a la que no pillaron. Pero notaba que no estaba allí sola, me dí la vuelta, y allí estaba él. Nos quedamos inmóviles durante unos segundos. Observé que llevaba una pistola en su mano derecha. Sonreí, e inmediatamente empecé a correr. Él me pisaba los talones. Nunca había corrido con tan pocas ganas. Quería que me atrapase. Hasta que hubo un momento en el que me alcanzó, ambos caímos al suelo, cayó encima de mí, y volvimos a sonreír. Las miradas eran profundas, como si pudiese ver mi alma a través de los ojos, intentando descifrar mis intenciones. Nos rodeaba un aura de emociones, sentimientos, un momento nuestro, único. Comenzó a acercarse más y más hacía mí, estábamos a 5 centímetros uno del otro. Sentía su respiraciones, el latir de su corazón a un ritmo acelerado. Seguía acercándose, hasta que pegó sus labios a los míos. Por un instante quedé desconcertada. Pero cerré los ojos, y disfrute del momento. Miles de pensamientos empezaron a brotar en mi cabeza. No quería que este momento terminase por nada del mundo. Perdimos la noción del tiempo, no nos importaba el lugar ni la situación. Había esperado tanto por esto, que ya nada podía compararse. Las cosas por fin, habían tornado. Abrimos los ojos, y no necesitamos palabras para explicar lo sucedido. Nos levantamos, y nos dirigimos hacia los demás en silencio.
viernes, 11 de enero de 2013
La vida misma
A lo largo de nuestra vida, nos cruzamos con cientos de personas, miles. El problema es que nunca conoceremos
a más de la mitad de esas personas, pero la otra mitad, forman parte de nuestra vida, de nuestro día a día.
Unas, estarán ahí para apoyarte, otras para ayudarte a levantar, e incluso para
evitar que caigas. Yo particularmente no creo mucho en el destino pero, ¿creéis
que estamos predestinados a conocernos? Me explico, ese amigo que das gracias a
la vida por haberle conocido, ¿crees que está ahí por casualidad? ¿Os podéis
imaginar una tarde sin esa persona, sin sus comentarios, sin esos pequeños detalles que le hacen único,
o sus vacilaciones? Sinceramente, pienso que no sería lo mismo, las tardes no tendrían
el mismo sentido; pero no las echaríamos
en falta, ya que nunca las hemos echado de menos.
Tras esta pequeña reflexión me planteo muchas cosas. Pero
todas llegan al mismo cauce de conclusión,
agarra lo que tengas y no lo sueltes por nada del mundo. Porque nunca sabes lo que podría haber pasado
si…
Sonríe, yo existo y soy tu amiga.
martes, 8 de enero de 2013
Segunda noche I
Siento comunicaros que esta noche no he podido soñar, he tenido preocupaciones por exámenes y el nerviosismo no me ha dejado dormir bien. Pero aquí no ha pasado nada, tengo muchos que contar. Uno de los muchos sueños agradables que he tenido, porque no todos son así, aparecía otra vez él. Se ha vuelto a colar. En el último post, os conté que saqué la valentía de decir lo que sentía. Pues bien, este sueño volvía a suceder en el mismo sitio, en el campo de entrenamiento.
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